Por sectores, los edificios representan en la Unión Europea el 40% del consumo de energía, según la directiva 2010/31/EU. El resto de consumo de energía se reparte entre la industria y el transporte.

Se debe tener en cuenta que gran parte del parque edificatorio de España es anterior a 1979, en que se publicó la primera normativa sobre condiciones térmicas (NBE-CT-79), en que se fijaban unos niveles mínimos de aislamiento. Así pues, la mayor parte de los edificios construidos carecen de aislamiento térmico. Esto se traduce en un gran potencial de ahorro en los edificios y de necesidad de rehabilitación, una salida en un sector muy castigado por la crisis.

Para conseguir reducir la repercusión de los edificios en la emisiones de gases de efecto invernadero, hay tres vías distintas: el ahorro energético (incidiendo en los hábitos de los usuarios), la eficiencia energética (mejora de la construcción y las instalaciones) y la generación de energía mediante energías renovables.

El primer paso para reducir en el consumo de energía, es reducir la demanda de ésta, mejorando el aislamiento de la envolvente térmica (fachadas, cubiertas, suelos en contacto con el terreno y cerramientos en contacto con espacios no habitables).

El segundo paso consiste en la mejora de la eficiencia energética de las instalaciones térmicas (instalaciones de agua caliente sanitaria, calefacción, refrigeración y ventilación) y de las instalaciones de iluminación.

Finalmente, la reducción de emisiones debidas a la utilización de combustibles fósiles se consigue con la utilización de energías renovables como la solar (paneles solares térmicos – calientan agua – y fotovoltaicos – generan electricidad -), la biomasa y la geotérmica (bombas de calor geotérmicas).

La unión de los tres tipos de actuaciones, en los sistemas pasivos, activos y de generación de energía, permitirá cumplir con la Directiva Europea 2010/31/EU que indica que todos los edificios de nueva construcción deberán ser de consumo de energía casi cero en 2020.

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